Los chicos fueron un crescendo en su rendimiento, con una mayor fluidez en el juego desde la rotación de la banca para marcar el ritmo por completo de la noche. La ofensiva fluyó con precisión, maximizando cada ocasión de anotar. Argentina impuso condiciones, mostró criterio para distribuir el balón y elegir la mejor opción ante una defensa perpleja. La velocidad en las transiciones fue otro de los factores para sacar 14 puntos de diferencia al cierre del primer tiempo (51-37). Para el regreso de los vestuarios, México emparejó las acciones para achicar la distancia a 2 (82-80) pero sin siquiera perder el liderazgo en el marcador. En ese pasaje, surgieron los arrebatos de Gonzalo Corbalán y de Juan Fernández para asegurar el triunfo.