En este Mundial marcado por las reivindicaciones LGTB+ y la polémica de los brazaletes arcoíris, Brasil enterró sin mucho ruido un arraigado tabú homófobo. Es por imposición de la FIFA, más que por voluntad propia. En Brasil, el número 24 está popularmente asociado de manera peyorativa a la homosexualidad y a una supuesta falta de hombría.



































