"Diariamente llegan contingentes de ucranianos huyendo de la barbarie. En un antiguo centro comercial se organizó la asistencia a los refugiados. Se les brinda una cama y comida hasta que sigan su camino, la mayoría se queda en Polonia esperando mejores épocas, otros continúan hacia algún país europeo, hay barracones con la bandera del país de destino (Alemania, Inglaterra, España, etc). Todo es un caos más o menos organizado. Hay militares y un centro de operaciones de los cientos de voluntarios individuales como nosotros o de distintas ONGs que prestan su colaboración (…) Hay que asistir a las personas mayores, ayudar a las madres a trasladar los bolsos que lograron traer, hay equipos de limpieza, de cocina, los que sirven la comida, los que transportan al centro a los que arriban el tren, de tratamiento de la basura, etc. Hay dos clínicas improvisadas con sus médicos -una para chicos y otra para adultos- (…) Tuvimos que bajar alzado a un anciano desde un colectivo hasta la silla de ruedas e ingresarlo al centro. Venía con su hija desde Konotop recientemente bombardeado", expresaba tras su estadía temporaria en Polonia.