No se pudo en la final, el equipo estuvo ausente y no encontró respuestas tácticas, físicas y emocionales para revertir la superioridad de España. El resultado en el MetLife Stadium de Nueva Jersey deja un sabor amargo, pero la lectura debe ser profunda. Esta selección no repitió la corona, pero conmovió desde la adversidad. Llegar a la final con un plantel diezmado por las lesiones y el desgaste físico ya constituye una hazaña en sí misma. El entrenador lo dejó en claro cuando, avanzado el campeonato, remarcó las dudas que tenía en cuanto a la respuesta que podían darle algunos jugadores. Ese desgaste quedó en evidencia en la final, arrancando por Messi. Pero este cierre de etapa –la más importante de la historia del fútbol argentino por varios motivos-, obliga a sacar las primeras conclusiones:




































