Al que menos pareció afectar todo lo que circuló como noticia falsa en un jueves convulsionado, en la Argentina y también acá en Estados Unidos, fue el propio Messi. Su postura sonriente y distendida en el entrenamiento fue el reflejo de que hay algo muy fuerte que lo acompaña en este duro momento: la contención del grupo. Otamendi dijo en Kansas City, antes del partido con Argelia, que “somos una familia”. Y allí apareció esa fortaleza grupal en la que Messi se refugia, más allá del incontenible desborde emocional que tuvo cuando marcó uno de los goles en su formidable actuación del martes y cuando salió de la cancha para estrecharse en un sentido abrazo con Scaloni.




































