No lo entiendo. No entiendo nada. El tipo se paró ahí, delante de su familia, delante de los directivos del Barcelona, delante de sus compañeros y de la prensa, y se largó a llorar. Lloró como un niño. ¿Cómo el profesional más grande no puede contener ese llanto? Su rostro transfigurado, el pañuelo empapado, la voz quebrada. Y detrás de su llanto el de millones al otro lado de la pantalla. Un día Messi se fue del Barsa, se fue llorando, y nos hizo lagrimear a todos.
































