Desde un buen tiempo a esta parte, la intranquilidad se ha vuelto normal en Newell’s. La institución rosarina entró en un espiral de crisis incesante y ya casi no hay registro de la última vez que reinó la paz y el optimismo en sus pasillos. Y todo ese río revuelto se vuelve un alud imparable en época de elecciones, como ocurre en estos momentos.


































