En cinco días, el cambio que se vio fue tan grande como negativo. Aquella selección que manejaba la pelota con suficiencia y autoridad ante Venezuela, se convirtió en un equipo negado para el manejo del balón contra Ecuador. Argentina basa su juego dos aspectos: 1) la tenencia de la pelota; 2) la fortaleza ofensiva y vocación por la búsqueda del arco rival. No hizo ni una cosa ni la otra en el primer tiempo. Ni tuvo la pelota ni atacó. Y esto, para un equipo ofensivo como el de Scaloni, se convierte en un claro reflejo de que las cosas no anduvieron bien y que el equipo defeccionó.



































