“Llegaron justo para la época de los huracanes en Miami… ¿Después se van a Kansas?, es la época de los tornados”. Así nos recibió el “amable” Roosevelt cuando pisamos suelo norteamericano, un chofer cubano al que le gusta mucho el fútbol y que no dudó en mostrarnos el imponente nuevo estadio del Inter de Miami. “Lo hicieron en un año, una monstruosidad”, decía Roosevelt, no sin antes contar, en un viaje de no más de veinte minutos hasta Miami Beach, el pasado, presente y también futuro de esta ciudad que, en su parte más turística, compensa precisamente la existencia de aquellos hoteles que aún desafían, en su construcción, al paso del tiempo y algunos actuales con los lujos – y seguramente los placeres – de una de las ciudades “que nunca duerme”. “La Miami moderna, con esos edificios interminables, los cruceros de lujo y los yates de los multimillonarios, es una Miami que se fue armando en muy poquito tiempo. La otra, la de las playas, la del turismo, fue mutando y desafiando ese pasado sumida en riesgos y que no tenía el mejor de los conceptos”, cuenta Roosevelt, en lo que se convirtió en el arranque del viaje del multimedios El Litoral a otra cobertura internacional de un Mundial muy distinto a aquel inolvidable – e incomparable también – de Qatar 2022. Pero la historia aún está por escribirse. Y ojalá que sea con el mejor de los finales.


































