Argentina es uno de los países del mundo que más se desindustrializó en los últimos 50 años como consecuencia de decisiones de política económica, incapacidad de los representantes instituciones y gremiales empresarias de defender sus intereses sectoriales ante un ciclo que los corrió del centro del proceso de acumulación y de adaptarse a los cambios que la economía mundial empezó a experimentar en la primera mitad de la década del 70, que se verificó en la incapacidad de impulsar un proceso de reconversión basado en la inversión y la innovación que les hubiera permitido mantener su lugar relativo en la economía argentina.




































