En Santa Fe, por aquellos años desde el gobierno provincial se buscó una respuesta para que “los canillitas” puedan realizar sus estudios, cumpliendo con la ley nacional 1420 de educación primaria común, gratuita y obligatoria. Fue así como la escuela Cecilio Tolosa funcionó con horarios más flexibles y tutorías docentes amoldadas al trajín diario de los “canillitas”. Si bien no sabemos con certeza la cantidad de vendedores de diarios que circulaban por las calles de Santa Fe, podemos pensar que debieron ser un número considerable, no solo por la preocupación estatal de fundar un colegio con la finalidad de que concurran a sus aulas, sino también, por la alta cantidad de tiradas diarias de ejemplares de periódicos con respecto a la población total de la ciudad. Lo que nos lleva a pensar que aquel “canillita”, voceador de las esquinas, ocupó un rol muy importante en el paisaje urbano de la ciudad a comienzos del siglo XX.