-Hubo muchas lecturas importantes, en muchos momentos distintos. No sé si llamarlas influencias o no, mucho menos sé si marcaron en algo lo que escribo. Para mí nunca está muy claro eso. Cuando era adolescente leía muchísimas sagas, por ejemplo, y yo creo que leyendo sagas me di cuenta de que la literatura era un lugar en el que se podía vivir. También empecé el hábito de releer mucho todo lo que me gusta. Me acuerdo, en esa época, de leer a Angela Carter porque me habían regalado un libro de cuentos de ella y no poder creerlo. Eran unos cuentos-poema bastante cortos, en Inglés particular nos aprendíamos algunos medio de memoria, no me acuerdo para qué. A ese libro lo leí tantas veces que lo terminé destruyendo. Después hubieron muchas lecturas que para mí fueron y son importantes: Lispector, Silvina Ocampo, Sara Gallardo, Puig, Storni, Melville, Carver, Le Guin, Bradbury, Ginzburg, Woolf, Munro. Son los que se me vienen a la cabeza ahora. Creo que las últimas lecturas que viví con mucha intensidad fueron las de libros de Annie Ernaux y Amelie Nothomb. Por otro lado siempre leo a mis amigas y amigos, a mis contemporáneos. Tengo la sensación de que en lo que escribo hay una marca muy grande de esas lecturas.