Beto Caletti es compositor, guitarrista y cantante. Pero su labor no se detiene allí, también es investigador e intérprete de música popular brasilera. Faceta que lo llevó a girar por festivales de América, Europa, África y Asia.
El guitarrista y compositor presenta diez piezas instrumentales basadas en ritmos de raíz brasilera. Con invitados como Franco Luciani y Bernardo Monk, propone una experiencia sonora donde la música deja de acompañar y pasa al frente.

Beto Caletti es compositor, guitarrista y cantante. Pero su labor no se detiene allí, también es investigador e intérprete de música popular brasilera. Faceta que lo llevó a girar por festivales de América, Europa, África y Asia.
Por si esto fuera poco, formó parte de Los Musiqueros, célebre grupo de música para las infancias, creado en los 80. Además, compuso e interpretó las canciones de la serie Zamba para Canal Encuentro y Paka Paka.
"El convite" es el título de su nuevo trabajo discográfico. Son diez composiciones originales basadas en estilos de raíz brasilera.
A diferencia de otros trabajos como solista y sus tres álbumes a dúo con la filipina Mishka Adams, Caletti propone "canciones sin palabras y una invitación al disfrute sonoro". Ese fue el eje de una entrevista con este medio.
-En El convite decidís dejar de lado la palabra y apostar por un repertorio íntegramente instrumental. ¿Qué te llevó a correrte del formato canción tradicional y qué descubriste en ese diálogo entre instrumentos que quizás la letra, esta vez, hubiera limitado?
-La letra en una canción conduce la historia que se cuenta y es un protagonista determinante, en la mayoría de los casos la atención suele ir a la letra y la música la sostiene.
Aunque la atención no esté en la letra (como en el caso de tantas canciones que oímos en idiomas que no entendemos) si hay una voz que conduce el reflector va a estar siempre puesto ahí.
Elegí un camino en que los distintos instrumentos puedan conversar y convertirse en conductores de la historia, eso me dio más libertad para el juego. Busqué que la expresión pasara claramente por la sonoridad.
-El álbum está basado en estilos de distintas regiones del Brasil y convoca a músicos de enorme sensibilidad como Franco Luciani, Juampi Di Leone o Bernardo Monk, entre otros. ¿Cómo fue el proceso de construcción colectiva y qué buscaste en esa diversidad de timbres y personalidades sonoras?
-En general voy escribiendo y arreglando a la vez, y más en este caso donde el eje principal de las canciones está en la textura.
Mientras escribía imaginaba qué instrumentos podían sumarse a la conversación e inmediatamente me vinieron los nombres de los músicos que quería que interpretaran. Luego vino el aporte sonoro de cada uno, sorprendiendo y enriqueciendo cada canción.
-Grabado "aquí, allá y en todas partes", mezclado por Javier Mazzarol y masterizado por Gustavo Segal, el disco parece tener también una geografía propia. ¿Cómo influyó esa dinámica de producción fragmentada en el resultado final y en el clima que respira el álbum?
-Las canciones las escribo y las arreglo en casa, voy armando el tejido, grabo los instrumentos, llego a la idea total de lo que me gusta, la forma en que me gusta que se articule cada voz. Digamos que grabo solo una versión total de la canción.
Grabo guitarras y pianos, bajo y batería, y el resto de los instrumentos, los instrumentos que yo no toco, como batería y vientos, los grabo con teclados, con sonidos sampleados.
Luego comparto esa grabación con quienes me gustaría que toquen y sobre lo que les doy se agrega la libertad y la personalidad de cada uno.
Bajo y batería fueron grabados nuevamente por Guido Martínez y Diego Alejandro, Franco su armónica, Bernardo el saxo soprano, Juampi y Midori grabaron flautas y Ayumi grabó su clarinete. Midori Okamoto y Ayumi Kobayashi son músicas japonesas con quienes compartí escenarios en Japón.
Digamos que hay un eje claro, que yo propongo, y a eso se suma la sensibilidad de cada instrumentista que pone a la canción en otro lado. Finalmente el disco es una suma de esos aportes maravillosos.
-A lo largo de tu trayectoria investigaste y escribiste sobre la guitarra brasileña, grabaste diez discos solistas y hasta recibiste elogios de Iván Lins. ¿En qué lugar de tu camino artístico sentís que está El convite? ¿Es un punto de síntesis, una ruptura o una nueva puerta hacia otra etapa?
-No pienso mucho en ese sentido. Tenía la necesidad de hacer un disco así, porque me hace felíz y siento que tenía cosas para decir, expresiones que valía la pena transformar en este álbum.
Hacia adelante quien sabe, hay tanta música, tantos caminos. Hoy elegí seguir por este y eso no quiere decir que otros se cierren. Hoy me toca disfrutar e invitarlos a disfrutar de "El convite".




