Tras su paso por Los Fronterizos, Isella adhirió al Nuevo Cancionero, el movimiento que auspició Armando Tejada Gómez desde Mendoza, y del que participó una joven Mercedes Sosa. Junto a Tejada compuso los clásicos mencionados anteriormente, que en la voz de “la Negra” se volvieron parte del acervo musical argentino. También compuso “Canción para despertar a un negrito” (sobre un poema de Nicolás Guillén), “Canción de la ternura” y “La patria dividida” (en base a versos de Pablo Neruda).
Isella padeció el exilio al producirse el golpe de 1976. Regresó en 1983 y retomó su carrera. En los años 90, al tiempo que descubrió a Soledad, dirigió tres años seguidos la Peña Oficial Festival Nacional de Folclore de Cosquín, que incorporó a artistas jóvenes.