Al leer la reciente novela La parrillita (HomoSapiens Ediciones) de Roberto Retamoso es inevitable no caer en los lugares donde la vida se embellece por medio del arte y sus distintas expresiones. Entrar por medio de la ficción a La parrilla de Don Alberto es subir a La terraza de Ettore Scola, el clásico italo-francés que le valió al director italiano el premio al mejor guión en el Festival de Cannes. Sentarse a comer y degustar un buen vino con amigos en la parrilla descrita bajo la pluma de Roberto, es contemplar la vida en un espacio de encuentro existencial, lejos de todo tipo de productividad, en una atmósfera aunque carente de elipsis, cercana al espíritu Hemingwayano. Retamoso nos ofrece su propia Fiesta, lejana de San Fermín, pero emergente de toda la bohemia y resistencia que la cuna de la bandera supo ofrecer por medio de su generación dorada.





































