El caso más conocido del hijo de un presidente argentino fallecido en un accidente aéreo es el de Carlos Menem Jr, ocurrido en marzo de 1995 en un helicóptero. Pero hay un antecedente: el 9 de enero de 1938 otra fatalidad iniciada en los cielos se llevó a Eduardo, un vástago de Agustín P. Justo.
La "tragedia de Itacumbú", tal como quedó para la posteridad, se desató cuando el avión que trasladaba a parte de la comitiva argentina que había participado de un acto en Paso de los Libres, se precipitó a tierra.
Archivo El LitoralEl Litoral le dio una amplia cobertura al accidente, dada la conmoción que produjo en la población. Pocas horas después del accidente, que dejó nueve víctimas fatales, lo reflejó en su portada. Y en los días sucesivos, le dio seguimiento al tema.
¿Cómo fueron los hechos?
En enero de 1938, el entonces presidente de la Nación, Agustín Pedro Justo, había participado del acto de colocación de la piedra fundamental para la construcción del puente que uniría las ciudades de Paso de los Libres y Uruguayana.
Cancillería de la NaciónCuando inició su regreso a Buenos Aires, uno de los aviones que formaba la comitiva, un Lockheed de la Fuerza Aérea se topó con una fuerte tormenta que lo hizo caer. Todos los ocupantes de la nave perdieron la vida, incluido Eduardo Justo.
El Litoral menciona, el 12 de enero, un dato llamativo. Un mes antes de la tragedia, Justo le había mencionado a algunos allegados que no le temía a la muerte, pero que le desagradaba la idea de fallecer carbonizado.
Archivo El LitoralEl joven era afecto a los paseos por el Delta y había adquirido una lancha a motor con un amigo. Ese comentario lo había hecho cuando le indicaron los riesgos de la actividad. Quiso el destino que su fallecimiento fuera, justamente, carbonizado.
El diario mantuvo la tragedia en sus páginas principales hasta el viernes 14 de enero de 1938, cuando se realizaron las exequias de las víctimas. "Adquirió imponentes contornos el sepelio de Eduardo Justo", señaló.
Gentileza Eduardo Porciúncula SalgadoEn el recuerdo
En enero de 1939, un año después del accidente, se inauguró un monumento cerca del punto exacto del fatal accidente, desde el que se puede ver el curso del arroyo Itacumbú.
Archivo El LitoralEl mismo tiene 14 metros de altura, 4 metros de ancho y 1,20 metros de espesor. Cuenta con placas con los nombres de los caídos y otras dedicadas por el Ejército, el Círculo Militar y la Aviación Militar argentinos.