En los últimos días una tierna imagen se viralizó en las redes sociales, en las que se muestra a un perezoso, llamado "Chewie" acariciando a su amigo beagle en los exuberantes suburbios de Caracas.

En los últimos días una tierna imagen se viralizó en las redes sociales, en las que se muestra a un perezoso, llamado "Chewie" acariciando a su amigo beagle en los exuberantes suburbios de Caracas.
La vida de los perezosos en Venezuela -como en otras partes de América- no es fácil. Muchos mueren electrocutados, atropellados o atacados por otros animales (silvestres o de compañía).
Haydée y Juan Carlos Rodriguez dan cobijo a muchos de ellos en su centro de rescate ubicado en San Antonio de los Altos, un pueblo del centro-norte de Venezuela.
De hecho, la pareja ya ha rescatado a más de 32 perezosos de la especie Bradypus variegatus.
Chuwie, uno de los perezosos que cuida la familia Rodriguez, es bastante famoso. Varios medios de diferentes países han escrito sobre él. Y es que, lo encontraron en la carretera electrocutado, en condiciones pésimas. Como consecuencia de sus heridas, perdió cuatro uñas.
Le recomendaron sacrificarlo, puesto que también tenía quemaduras en sus patas traseras. Sin embargo, gracias a la ayuda de especialistas de Costa Rica y Panamá, el perezoso sobrevivió.
“Curaron sus heridas, buscaron diariamente las hojas de yagrumo y le construyeron una plataforma de bambú. Todo bajo la asesoría de especialistas”, explicaron.
La historia del perezoso trascendió en los medios de comunicación. Hoy presume de tener más de 5.000 seguidores en Instagram.
Además, se pueden comprar camisetas con su rostro en Amazon. Los beneficios de su venta son destinados al centro de rehabilitación de animales venezolano.
El co-protagonista del vídeo es un perrito de raza beagle llamado Seven. En la cuenta de instagram de la fundación Chuwie se puede leer lo siguiente sobre su relación: “El miedo se pierde, para muestra un cazador puede vivir con una presa y ser felices.Seven como buena Beagle al conocer a Seven le ladró y le temía, pero al pasar el tiempo entendió que sería parte nuestra. Ahora cada vez que puede se le acerca, la limpia y la acompaña. Ahora, aunque su interacción no es constante, ninguno le teme al otro, ninguno ataca al otro.”




