El número 666 ya ha estado antes en la historia británica, aunque con otro significado. Durante el reinado de Carlos II hubo dos sucesos trágicos: la gran plaga, en 1665, que mató a casi 100.000 personas, y el gran incendio de Londres, en 1666, que arrasó con la capital. Muchos supersticiosos aludieron al número (666) como un comienzo del apocalipsis y se llegó a decir que estas calamidades eran un castigo por la vida licenciosa de Carlos II. Pero Carlos II hizo oídos sordos: comisionó una nueva ciudad brillante y esplendorosa, planificada por el arquitecto Christopher Wren, quien hizo surgir Londres desde las cenizas. Su gran obra maestra es la imponente Catedral de San Pablo.