El senador Flávio Bolsonaro anunció que será candidato a la presidencia de Brasil y colocó el foco en la situación judicial de su padre, Jair Bolsonaro, a quien definió como un preso por “persecución política” y no por justicia.
El senador brasileño confirmó que competirá por la presidencia en 2026 y sostuvo que Jair Bolsonaro, condenado y detenido, es víctima de un hostigamiento político. El anuncio reavivó la polarización en Brasil a meses del arranque formal de la campaña.

El senador Flávio Bolsonaro anunció que será candidato a la presidencia de Brasil y colocó el foco en la situación judicial de su padre, Jair Bolsonaro, a quien definió como un preso por “persecución política” y no por justicia.
La confirmación llega con el expresidente detenido tras una condena por liderar una conspiración golpista, según la sentencia, y en medio de una disputa pública sobre las condiciones de su reclusión en Brasilia.
Flávio fue presentado en Brasil como el nombre de la familia para enfrentar a Luiz Inácio Lula da Silva en las presidenciales de octubre de 2026, en un escenario de alta tensión institucional que dejó huellas desde el final del mandato de Bolsonaro.
En su mensaje, el senador buscó trasladar la pelea del expediente al terreno político: planteó que “no se pueden encarcelar ideas” y que “no se puede robar la verdad”, una fórmula destinada a consolidar a su electorado y a reagrupar al bolsonarismo.
El movimiento también expone el dilema de la derecha brasileña: competir sin su figura central, inhabilitada y presa, y a la vez mantener la identidad dura que la llevó al poder, ahora bajo el escrutinio de la Justicia y del debate público.
La candidatura del hijo mayor instala una campaña con apellido y relato: continuidad política, denuncia de “lawfare” y confrontación directa con el Supremo Tribunal Federal, eje de la condena a Bolsonaro.
En paralelo, el oficialismo y sectores moderados miran el impacto de una elección condicionada por una figura encarcelada, con riesgos de agitar la calle y de endurecer el clima institucional rumbo a octubre de 2026.
Lo que empieza como una postulación es, en los hechos, una disputa por el sentido de una condena: para la familia Bolsonaro, una persecución; para el sistema judicial, el cierre de un capítulo que aún desordena el presente de Brasil.




