Con cada elección papal, la primera pregunta que surge tras el humo blanco es: ¿quién es el cardenal electo y cómo se llamará en su nuevo rol de Sumo Pontífice? La elección de ese nombre no es un gesto menor, sino un símbolo cargado de historia, tradición y espiritualidad que se remonta a los orígenes del cristianismo.



































