El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó este domingo su campaña para buscar la reelección en los comicios de octubre, con un acto en São Bernardo do Campo, en el estado de San Pablo.
El presidente brasileño inició formalmente su campaña para las elecciones de octubre desde São Bernardo do Campo, un lugar emblemático de su trayectoria sindical. El mandatario enfrenta el desafío de acercarse a una nueva generación de trabajadores, marcada por el empleo informal y las plataformas digitales.

El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lanzó este domingo su campaña para buscar la reelección en los comicios de octubre, con un acto en São Bernardo do Campo, en el estado de San Pablo.
El lugar elegido tiene un fuerte significado político para el mandatario: allí comenzó su trayectoria como dirigente sindical durante las huelgas metalúrgicas de fines de la década de 1970.
El acto se realizó en el estadio Primero de Mayo, donde Lula había hablado en 1979 ante unos 60.000 trabajadores metalúrgicos en huelga.
Casi cinco décadas después, el presidente busca recuperar ese vínculo con el mundo del trabajo, aunque reconoce que las condiciones laborales cambiaron de manera significativa y que una parte creciente de los trabajadores ya no está vinculada con sindicatos ni con empleos industriales tradicionales.
La elección del escenario funcionó así como un regreso simbólico a los orígenes del líder del Partido de los Trabajadores (PT), pero también como el punto de partida de una campaña en la que deberá ampliar su mensaje hacia sectores laborales que tienen características diferentes a las de las primeras décadas de su carrera política.
Uno de los principales problemas que enfrenta Lula es el crecimiento del trabajo realizado a través de aplicaciones digitales. Conductores, repartidores y otros trabajadores independientes conforman un sector cada vez más numeroso, pero con una relación mucho más débil con las estructuras sindicales que históricamente respaldaron al PT.
Según datos citados por Reuters, 2,1 millones de brasileños trabajaban a través de plataformas digitales en 2025, una fuerza laboral que creció 170% entre 2015 y 2025. Al mismo tiempo, la proporción de trabajadores con empleos formales cayó del 46,7% en 2010 al 38,2% en diciembre de 2025.
El cambio se produce pese a que Brasil cerró 2025 con una tasa de desempleo del 5,1%, un mínimo histórico según los datos consignados en el informe.
Para Lula, el desafío consiste en encontrar una forma de representar políticamente a trabajadores que, en muchos casos, valoran la flexibilidad de las aplicaciones y no se identifican con las categorías tradicionales de empleado, sindicalista o trabajador industrial.
El gobierno brasileño intentó avanzar en la regulación de este sector durante 2024, pero las iniciativas encontraron resistencia de las empresas tecnológicas y desconfianza entre los propios trabajadores.
Este año, la administración volvió a impulsar una propuesta que busca establecer reglas sobre remuneraciones, condiciones laborales, seguridad social y funcionamiento de los algoritmos utilizados por las plataformas. El proyecto, sin embargo, permanece trabado en el Congreso.
El PT también respalda una reducción de la jornada laboral como parte de su estrategia para acercarse a los trabajadores.
El problema para Lula es que una parte de quienes trabajan mediante aplicaciones teme que una mayor regulación implique perder justamente uno de los principales atractivos de ese modelo: la posibilidad de organizar los horarios con mayor autonomía.
El cambio en el mercado laboral también modificó la relación entre los trabajadores y las organizaciones políticas tradicionales. La tasa de sindicalización en Brasil pasó del 15,7% en 2014 al 8,9% en 2024, según los últimos datos oficiales citados por Reuters.
La transformación representa un desafío particular para el PT, un partido cuya identidad se construyó alrededor del movimiento sindical y de la organización de los trabajadores.
El presidente de la fuerza, Edinho Silva, reconoció la necesidad de revisar esa relación y sostuvo que los sindicatos y los sectores de izquierda deben comprender mejor las condiciones en las que trabajan los empleados informales y quienes dependen de las aplicaciones.
La dificultad, según su diagnóstico, es que esas organizaciones ya no están presentes en la vida cotidiana de buena parte de esos trabajadores.
La distancia política es especialmente visible entre los trabajadores jóvenes. Una encuesta citada por Reuters y realizada en 2023 mostró que el 40% de los trabajadores de plataformas consultados se identificaba con la derecha, otro 40% se ubicaba en el centro y solo el 20% se consideraba de izquierda.
Sin embargo, la situación es más compleja que una división entre trabajadores formales e informales. Una encuesta encargada por el propio PT en 2025 encontró que el 65% de los trabajadores informales aspiraba a ser emprendedor y apenas el 27,5% prefería tener un empleo formal.
Al mismo tiempo, el 56% consideraba muy importantes derechos como la licencia por enfermedad, la cobertura ante accidentes y un salario mínimo.
Para Lula, esa combinación plantea una dificultad central: muchos trabajadores quieren mayor protección, pero no necesariamente desean incorporarse a las estructuras laborales y sindicales tradicionales.
La campaña de reelección comienza, entonces, con un desafío que va más allá de la disputa entre Lula y sus adversarios políticos.
El presidente deberá demostrar que el PT puede representar a un mundo del trabajo que cambió profundamente desde aquellos años en los que comenzó su carrera sindical en las fábricas de São Bernardo do Campo.
Las elecciones presidenciales brasileñas se realizarán en octubre y la búsqueda de ese nuevo vínculo con los trabajadores será uno de los ejes de la estrategia del oficialismo.





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