En diciembre de 2024 el mundo se sorprendía por la acelerada transición de Siria, donde el régimen de 63 años de la familia de Bashar al-Asad se esfumaba en sólo días ante una ráfaga de ataques de grupos sunitas, apoyados indirectamente por Turquía e Israel, motivados por intereses propios, y con unos Rusia e Irán “ocupados” en otros asuntos más cercanos.





































