La difusión de que casi 200 periodistas, 600 dirigentes y militantes de derechos humanos y empresarios fueron espiados a través del programa informático Pegasus, de una empresa israelí, generó indignación en varios gobiernos, sorpresa en otros, y el rechazo a cualquier vinculación con ese espionaje de parte de varios Ejecutivos señalados como relacionados con el escándalo, revelado por un consorcio de medios de investigación.

































