En un contexto de extrema fragilidad geopolítica, el gobierno de la Federación de Rusia ha formalizado su voluntad de actuar como mediador entre la República Islámica de Irán y los Estados Unidos. La propuesta surge en un momento crítico, donde el intercambio de amenazas y movimientos militares en el Golfo Pérsico ha puesto a la comunidad internacional en estado de vilo.



































