Los aparatos térmicos, aunque efectivos, pueden convertirse en enemigos del cabello si se usan con frecuencia. El calor excesivo deshidrata la fibra capilar, debilita la cutícula y provoca puntas abiertas, encrespamiento y falta de brillo. A largo plazo, esto puede traducirse en un cabello quebradizo, opaco y difícil de manejar.

































