El censo de mayo, con atraso (estaba programado para 2020) aquietó por unos días las cuestiones coyunturales, dejó en su domicilio a quienes no se pensaba encontrar… y allí estuvieron y quitó premura a las noticias. Con la polvareda aquietada se pudo ver el esqueleto que estaba detrás. Fue un momento. Algo es algo. Hasta se dio tiempo, la sociedad, para un juego. El supuesto es que presidente, gobernador e intendente esperen en su casa al censista y entreguen el código o contesten las preguntas. Já.

































