- Empezamos a experimentar los cambios que se venían cuando la Santa Sede designó la creación de la Diócesis de Reconquista (1957) y separó ese sector de la provincia de la Arquidiócesis de Santa Fe, apareciendo un obispo (Juan Iriarte) lleno de vida, con la chispa propia de los porteños y nos quedamos impactados. Cuando llegó Zazpe, con la misma línea de creación de nuevas diócesis, nos gustó mucho más. Nos sentíamos muy atraídos por su manera de ser, su persona, su viveza; un hombre lleno de espíritu, que nos hizo mucho bien. A mí me costó mucho dejar el seminario y no fue fácil la inserción en la Diócesis. En el seminario aprendí no solo cosas intelectuales sino para la vida, como el "scoutismo", hacer campamentos, estar con los jóvenes como bedel, conductor de los chicos. Hasta lo puse en práctica en la Diócesis, creando el "scoutismo"; hicimos campamentos juveniles. Fue parte del plan de Dios; no nos faltó nunca su asistencia y providencia.