Argentina vive en un eterno bucle temporal. Una y otra vez observamos como se repiten, a lo largo de la historia de nuestro país, sucesivas crisis, las cuales se van perpetrando de manera cíclica, y con resultados y efectos peores para las generaciones venideras. La falta de esperanza es el corolario de no contar con un panorama que refleje un futuro prometedor para estas tierras. Esto se debe en parte, y desde mi punto de vista, al hecho de que nunca se llegaron a efectuar reformas estructurales que sienten las bases para un crecimiento sostenido de la economía argentina.

































