Hay niños que desde su primer suspiro traen consigo un ansia que no se aprende ni se enseña: la necesidad de volar, de cruzar horizontes aún invisibles. En un rincón cualquiera de un país sacudido por la historia, un niño especial aguardaba también su oportunidad. No buscaba alas verdaderas; deseaba apenas una bicicleta. Pero en su corazón, aquel deseo era mucho más que un capricho: era la intuición temprana de que la vida, para ser vida plena, debía ser movimiento, impulso, riesgo y libertad.



































