-Los maestros no estábamos preparados para algo así; nos vimos abrumados; nos atropelló. Para mí, la prioridad era considerar el lado humano: el cómo estaba mi alumnado; cómo estaba de salud; cómo estaba emocionalmente; cómo estaba su familia; ver qué canales de comunicación tenía con ellos. Desde el primer día de aislamiento preventivo, les di sugerencias para gestionar su trabajo, su rutina e hicimos muchas cosas bonitas. Una de estas cosas: hablaba por teléfono con ellos periódicamente; llamaba a tres o cuatro niños por día; hablaba con ellos y con su familia. Además, hicimos videotutoriales con juegos de magia que les mandaba para que siguieran practicando. Les elaboré unos carnets de "Valientes": se los envié por correo postal para que vieran lo bien que lo estaban haciendo y supieran lo orgulloso que estaba de ellos por cómo afrontaban toda esa situación. A finales de curso, les hicimos una visita y les entregamos un regalito: una mochilita con una foto virtual que nos habíamos hecho. Hicimos una fiesta virtual de cierre de año donde bailamos; yo había hecho un montaje con sus caras y unos videoclips; fue una sorpresa muy graciosa porque todo el mundo estaba conectado a una videoconferencia por Zoom y no sabía lo que iba a suceder; fue una cita magnífica con fuegos artificiales virtuales. Además de esto, me siento muy contento de haber logrado fortalecer su autoestima y de promover la empatía entre los compañeros porque hicimos actividades donde ellos compartían diferentes experiencias. Por otro lado, pudimos compatibilizar la tecnología con los juegos de magia y así superar esta situación compleja. La verdad es que estoy orgulloso de todo el profesorado que ha demostrado compromiso y profesionalidad por el bien de sus alumnos.