En una charla con Horacio del Prado (querido amigo al que hace mucho tiempo que no encontraba, por eso de los horarios, los descuidos y "mañana mismo lo llamo"), un agudo periodista "que sí lee y escribe", no como tantos que hablan sin poder escribir, o escriben sin saber leer. En fin, con "Horacito" surgió, de su magín, no del mío, el hecho cierto: los acontecimientos populares, ciertamente populares, no le caen bien a Fernández.




































