Ningún discurso -y mucho menos el político- es aséptico en sus intencionalidades. Hay marcas, huellas que no son indelebles, que no están en la superficie de la literalidad sino abajo, en el plano subterráneo; y para descubrir esas huellas hay que excavar. Si se sigue esta premisa, el discurso del intendente Emilio Jatón en la apertura de las sesiones ordinarias del Concejo invita al análisis.



































