La inauguración en Santa Fe del Congreso General Constituyente para el 20 de Noviembre de 1852 movilizó a muchos santafesinos y santafesinas a fin de realizar los preparativos necesarios para tan digna Asamblea. Es que esta celebración –fuera de las cíclicas festividades a las que estaba acostumbrada la población– constituía una variante excepcional que rompía la cotidianeidad de la vida provinciana, precisamente por la gran carga simbólica del evento. Sin embargo, aunque provisto de notabilidad, éste demandó en sus aprestos una serie de prácticas -poco visibilizadas– inscriptas dentro de las actividades cotidianas, constituyendo éstas el proceso de producción del acontecimiento.


































