Hace unos días recibí una nota que me llamó la atención. Un grupo de estudiantes solicitaba la donación de nueve relojes de pared para su escuela. Confieso que, en un primer momento, no entendí el pedido. Estamos en 2026, pensé: ¿quién necesita relojes de pared cuando la mayor parte de las personas lleva un celular en el bolsillo?



































