En el plano político, los gobiernos afrontarán el desafío de conducir a sociedades cada vez más descreídas y heterogéneas, y algo parecido les ocurrirá a los medios de comunicación, entre ellos al más clásico, el periodismo gráfico, respecto de audiencias y lectorías más fragmentadas y cambiantes. También, frente a prácticas políticas que abrevarán con mayor frecuencia en el recetario de las autocracias, especialmente los populismos de izquierda y de derecha, que en el fondo tanto se parecen. Nunca, como en las últimas décadas, los relatos han diferido tanto de los hechos. Por consiguiente, pocas veces, la actividad periodística ha sido tan difícil.