En ocasión de un homenaje a Johann von Goethe desde Alemania le pidieron a Ortega y Gasset una colaboración, que realizó en el año 1932 y con un título muy sugestivo: "Goethe desde dentro". Aprovechó esa circunstancia para pedir de los biógrafos una elaboración sutil, que logren ver "cuál era la vocación vital del biografiado, que acaso éste desconoció siempre". Parte el filósofo de considerar que "toda vida es, más o menos, una ruina entre cuyos escombros tenemos que descubrir lo que la persona tenía que haber sido". Para ello, escribió Ortega, hay que construir "una vida imaginaria del individuo, el perfil de su existencia feliz, sobre el cual podemos luego dibujar las indentaciones, a veces enormes, que el destino exterior ha marcado". No dudó el ensayista español en suponer que "todos sentimos nuestra vida real como una esencial deformación, mayor o menor, de nuestra vida posible". El biógrafo que lo haga podrá, entonces, "aquilatar la fidelidad del hombre a ese su destino singular, a su vida posible. Esto nos permite determinar la dosis de autenticidad de su vida efectiva". Es decir, si tuvo una vida auténtica o la falsificó al no haber sido fiel a su destino.