No intenta ser este recuerdo, en modo alguno, autorreferencial: las referencias a mí sólo deben entenderse como una manera de situar y enmarcar el relato. Corría el año 1962, monseñor Vicente Zazpe acababa de ser consagrado como obispo de Rafaela. Recuerdo que no pude asistir a su asunción: una gripe me había mantenido en cama, a pesar de mi ferviente deseo (el legado espiritual de mi madre y abuela materna era muy fuerte).
































