Hay relatos que no se pronuncian con nombres, porque los nombres se desgastan. Hay relatos que se pronuncian con símbolos, porque en ellos caben todas las vidas, las visibles y las secretas. Este es uno de esos relatos. No habla de nadie en particular y, sin embargo, habla de todos. En cierta llanura, donde el horizonte se despliega como un papel sin dobleces, existe un camino de tierra.
































