"Quizá 2022 sea el año para discutir una reforma de la Constitución de la provincia", decía en marzo de 2021 el ex gobernador Miguel Lifschitz. Presidía, entonces, la Cámara de Diputados. En diálogo con El Litoral, confesaba que seguía interesado (allí, desde su banca) en trabajar para lograr una actualización de la carta magna. "Desde luego que me interesa – decía-; lo hemos trabajado mucho (cuando fuimos gobierno), y no puede lograrse sin acuerdos políticos amplios. Pero si se diera esa oportunidad, estamos dispuestos a sumarnos, a colaborar y participar activamente". Lifschitz definía allí como "interesante" la propuesta que presentara por esos meses el diputado justicialista Luis Rubeo para que los convencionales fuesen elegidos en 2023, y arriesgaba: "me parece que el año para discutir (la reforma) puede ser el 2022". El líder socialista fallecía a menos de dos meses de esa declaración periodística, víctima de Covid. Había quedado trunco el intento reformista durante su gestión al frente del Ejecutivo por disidencias políticas, y volvía a quedar cercenada la posibilidad por el hecho luctuoso. ¿Perduró el vaticinio? Paradoja o capacidad visionaria. Llegó 2022, y con él, comenzaron a florecer en la misma cámara de Diputados proyectos para intentar reformar la Constitución.




































