Supieron el secreto -o lo que debió ser un secreto- de Fausto por su propia madre, que no quiso ser infidente, sino que lo dijo tan naturalmente como contaba todas sus cosas, esas que los otros decían a medias o disimulaban, o simplemente callaban, fieles al dicho popular: "si hay miseria, que no se note". Que nadie sepa el cómo, cuándo y por qué de la vida de uno; así, uno cuenta lo que quiere y los otros creen lo que quieren también. Pero esto era digno de ser secreto. No se trataba simplemente del embarazo de una soltera o de los cuernos de tal. Además esa temática no entraba en la órbita de Fausto y los suyos.
































