Cuando pensamos en las diferencias que tenemos con otras generaciones, como la de nuestros abuelos, abuelas o padres y madres, podemos identificar múltiples aspectos: cambios en la comunicación, en la movilidad, en el consumo, en la conformación de la familia, hasta del entretenimiento. Sin embargo, hay un sueño que nos atraviesa, que tuvieron ellos y que tenemos nosotros como generación de adultos, un sueño que compartimos: el de acceder a una vivienda. El deseo de poder decir -y sentir- que “llegamos a casa”.































