Los objetos emiten señales que a menudo van más allá de su apariencia física (que, por cierto, también dice cosas). La decodificación de los mensajes depende del interés, la atención y la preparación del receptor. Pero lo que aquí importa saber es que los objetos no son pasivos; que, aunque parezcan inertes, se encuentran vivos. Puede que estén arrumbados en depósitos de museos o en desvanes de trastos viejos, en carpetas de dibujos, álbumes de fotografías, en atlas antiguos, en archivos físicos o digitales. Pueden ser tridimensionales o planos, no importa, porque cada cual se expresa a su manera. Esta serie, aglutinada bajo el epígrafe de "Microhistorias", se propone sintonizar, al menos en parte, lo que tienen para decir. Algunos son explícitos, otros, crípticos, pero todos tienen cosas que comunicar. Nuestro intento será hacerles decir algo interesante sobre sus historias, a fin de perfilarlas en contextos mayores.

































