- Es un buen punto. En todos los elementos que estamos comentando, lo más importante es, primero, entender lo que ha pasado con ellos. Segundo, tomar medidas lo más pronto posible, por ejemplo, en el ámbito educativo. Antes de la pandemia había adolescentes que no lograban tener una educación secundaria o acabarla, y eran muchos. Obviamente, esa situación agudizó las inequidades; entonces, lo que hay que hacer es tener mecanismos para ir a buscar a esos chicos y chicas, y revincularlos con el sistema educativo. Lo mismo en términos de las dificultades que se manifiestan en la alimentación saludable, que tiene que ver con cuestiones económicas, pero también con la capacidad de las familias de poder alimentar a los chicos de una manera cuanti y cualitativamente bien distribuida. Ahí también hay todo un trabajo que hacer, y es lo que estamos impulsando. Lo mismo en cuestiones de violencia: datos anteriores a la pandemia ya hablaban de hogares en Argentina que utilizaban métodos de crianza violenta con sus hijos. Entonces, hay un tema cultural instalado, por lo que hay un trabajo más profundo por hacer como sociedad para poder hacer estos cambios. El desafío que tenemos ahora es volver a las raíces de los problemas que se manifestaron y atacar las causas, para disminuir los efectos que la pandemia añadió a los desafíos precedentes. Ése es el enorme desafío que tenemos, pero creo que hay líneas de trabajo claras para lograrlo.