Mucho peor le fue al principal fenómeno político del momento, que apareció para patear el tablero nacional y romper la polarización con derivaciones aún difíciles de medir: Javier Milei, que parece incapaz de transferir a sus candidatos la intención de voto que las encuestas le atribuyen. Así, tras las malas performances de Río Negro y Neuquén, bajó sus aspiraciones de terciar en los comicios provinciales. Y los postulantes que recibieron su apoyo tampoco hicieron papel destacable. Excepto acaso en Tierra del Fuego, donde el pobrísimo desempeño de la oposición dejó, muy lejos del ganador, en tercer lugar al PRO (con el 11, %, casi el doble que Juntos por el Cambio) y en cuarto a la candidata libertaria, con el 7,5. En una elecciones donde el ganador superó el 50 %, y el voto en blanco estuvo por encima del 20.