El Monumento a la Bandera estuvo “a pleno” desde temprano. Los nuevos chorros de agua en la base ya funcionaban y el espacio lucía distinto, más activo, como parte de las obras recientes que terminaron de reconfigurar el entorno.
El acto central por el Día de la Bandera se desarrolló en el Monumento Nacional a la Bandera con la presencia del presidente Javier Milei, el gobernador Maximiliano Pullaro y el intendente Pablo Javkin. Hubo fuerte operativo de seguridad, mayor concurrencia que en 2024 y una jornada marcada por lo político, lo simbólico y lo popular.

El Monumento a la Bandera estuvo “a pleno” desde temprano. Los nuevos chorros de agua en la base ya funcionaban y el espacio lucía distinto, más activo, como parte de las obras recientes que terminaron de reconfigurar el entorno.
La previa fue puro movimiento. Sirenas, motos, autos oficiales y el despliegue de seguridad marcaban que el arribo del presidente era inminente. El ingreso de Javier Milei volvió a replicar el esquema ya conocido: helicóptero, traslado y acceso por el lateral del Monumento, sobre calle Santa Fe.
La banda militar ya estaba en marcha cuando la comitiva comenzaba a ubicarse. Todo ocurrió con precisión casi coreografiada, como en una repetición de protocolos ya ensayados.
A diferencia de 2024, el clima jugó a favor. Una brisa leve reemplazó al viento fuerte que había complicado el acto anterior, y eso se notó en el comportamiento del público, que se quedó más tiempo, ocupó más espacios y sostuvo la jornada desde distintos puntos del Parque Nacional a la Bandera y las barrancas cercanas.
Hubo más gente. Mucha más. Y eso se percibía incluso antes de que comenzaran los discursos.
En el sector de autoridades, la escena fue la de siempre pero con nuevos matices. Milei llegó con su propia presencia organizada en el público —con militancia visible y cánticos coordinados— aunque también recibió saludos desde otros sectores, menos ordenados pero igualmente presentes.
Pullaro y Javkin compartieron previa y diálogo distendido antes del inicio formal. No hubo tensiones visibles. Sí un clima de convivencia institucional que se sostuvo durante todo el acto.
El intendente Pablo Javkin optó por un mensaje breve, directo, con foco en la seguridad y en la recuperación de Rosario. Fue el más corto de los discursos y uno de los más celebrados, con aplausos marcados en el tramo final.
Maximiliano Pullaro extendió su intervención. Habló de obras, de gestión provincial y enumeró intervenciones en marcha. Incluyó al Monumento dentro de ese esquema, sin énfasis confrontativo, aunque con pasajes interrumpidos por aplausos que ordenaron el ritmo del discurso.
En el fondo, el tono general evitó el choque abierto, incluso cuando las lecturas políticas eran distintas.
El discurso presidencial tomó otro camino. Milei eligió una intervención centrada en la figura de Manuel Belgrano y en una lectura histórica del proceso que derivó en la creación de la bandera.
Hubo agradecimientos al público, reconocimiento a los saludos recibidos y una decisión explícita de encuadrar el acto en la figura del prócer más que en la coyuntura política.
El momento más emotivo volvió a ser el izamiento de la bandera y la jura de los cadetes y fuerzas presentes. Allí se concentró el silencio, la atención y la carga simbólica del acto.
Después, el Monumento cambió de tono. Con el cierre formal, llegó la permanencia del público, la foto familiar, los puestos gastronómicos y la continuidad de una jornada que se estiró hacia lo popular, con música y circulación constante de gente.
Rosario tuvo su Día de la Bandera en versión completa: institucional, política y masiva. Y el Monumento volvió a ser, por un día, el centro exacto de todo.





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