El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, volvió a cruzar a la CGT en medio de la escalada de tensión entre el Gobierno y el sindicalismo, y acusó a la central obrera de “vivir en una realidad paralela” y de estar “de espaldas a la gente”.
El jefe de Gabinete cuestionó con dureza a la central obrera en medio del conflicto por la reforma laboral y el paro nacional. Desde el Gobierno apuntan a los sindicatos por la medida de fuerza y profundizan el enfrentamiento con el movimiento obrero.

El jefe de Gabinete, Manuel Adorni, volvió a cruzar a la CGT en medio de la escalada de tensión entre el Gobierno y el sindicalismo, y acusó a la central obrera de “vivir en una realidad paralela” y de estar “de espaldas a la gente”.
Las declaraciones se produjeron en el marco del paro nacional convocado contra la reforma laboral impulsada por la administración de Javier Milei.
Las críticas del funcionario se conocieron en un contexto de fuerte confrontación entre el oficialismo y el movimiento sindical. Según sostuvo, la dirigencia gremial no representa los intereses de los trabajadores y responde a lógicas internas alejadas de la realidad social.
En ese sentido, Adorni cuestionó que los sindicalistas estén desconectados de los problemas cotidianos de la población y aseguró que la central obrera actúa en función de intereses propios.
La frase sobre la “realidad paralela” se convirtió en uno de los conceptos más difundidos del discurso oficial, en una semana marcada por medidas de fuerza y protestas.
El jefe de Gabinete también cargó contra la dirigencia sindical al considerar que muchas de sus acciones perjudican a quienes buscan trabajar, especialmente en jornadas de paro que afectan el transporte y otros servicios.
En línea con otros funcionarios, el Gobierno insiste en que la medida de fuerza impacta directamente sobre trabajadores que no pueden trasladarse a sus empleos.
La tensión entre el oficialismo y la CGT se viene profundizando desde el inicio del debate por la reforma laboral, uno de los ejes centrales del programa económico del Ejecutivo.
Desde la Casa Rosada sostienen que el proyecto apunta a modernizar el mercado de trabajo y reducir la informalidad, mientras que los gremios denuncian una pérdida de derechos.
El enfrentamiento se da en medio del tratamiento legislativo de la reforma laboral impulsada por el Gobierno, que busca introducir cambios en las condiciones de contratación y en el sistema de indemnizaciones.
La iniciativa generó un fuerte rechazo sindical y derivó en protestas y paros en distintos puntos del país.
La CGT encabezó una medida de fuerza de alcance nacional en rechazo al proyecto, con impacto en el transporte, los servicios públicos y la actividad económica.
Desde el oficialismo, en cambio, se minimizó la protesta y se insistió en que las reformas son necesarias para impulsar la creación de empleo formal.
Adorni defendió en reiteradas oportunidades la iniciativa oficial y sostuvo que el país arrastra problemas estructurales vinculados a la informalidad laboral.
En ese marco, el Gobierno considera que el rechazo sindical responde más a la defensa de intereses corporativos que a la protección de los trabajadores.
El jefe de Gabinete ya había cuestionado previamente a la central obrera por su postura frente a la reforma y por la convocatoria a paros. En declaraciones recientes, reiteró que el Ejecutivo no modificará el rumbo de sus políticas y que continuará impulsando cambios en el sistema laboral.
La confrontación también se enmarca en un clima político más amplio, marcado por el debate sobre el modelo económico y el rol de los sindicatos.
Mientras el oficialismo plantea un esquema de reformas estructurales orientadas a la desregulación y apertura, el sindicalismo advierte sobre el impacto social de esas medidas.




