- Es una ley que tiene un autorización para gastar tres mil millones de pesos que, llevado a valor dólar, no es una cifra significativa en el presupuesto. Es cierto, hay pocos patrulleros, muchos están destruidos, las comisarías están destruidos. Se justifica. Me quedó el sabor amargo de cuando tuvimos la reunión con el ministro (Jorge Lagna), nunca habló de un plan. Habló de pintar, arreglar comisarías, poner una nueva, más patrulleros, armas, chalecos. Más de lo mismo y muchas de esas cosas las puede hacer sin ley de emergencia. No lo hicieron en dos años, hay nuevo ministro y para darle la posibilidad que desarrollar su trabajo se le da esta ley para que no digan que ponemos palos en la rueda. Participé de cursos sobre seguridad y del trabajo que hace el gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y parecen dos países distintos. Hay precisión, tecnología y control de la policía de CABA. Trajeron lo mejor del mundo, no con presupuestos multimillonarios. Invirtieron recursos en forma inteligencia, eficiente para un objetivo. Si invertís mal no hay plata que alcance y tampoco hay solución porque los números de delitos que padecemos en Santa Fe van increscendo. La política se tiene que aggiornar a los tiempos que estamos viviendo y al mundo actual; implementar un plan de seguridad real y que funciona en todo el mundo. Nosotros pintamos comisarías y en el mundo impera la tecnología, la geolocalización de móviles, la capacitación de agentes. Después está lo judicial, lo penitenciario donde debemos hacer una reformulación. No podemos colocar en el mismo lugar al ladrón primario, al ratero, con el narco o el asesino. Debería haber distintos estamentos en las cárceles; incluso con cárceles abiertas en algunos casos como hay experiencia en Reconquista en un centro de recuperación de adicciones. Hay que buscar maneras de reconducir sus vidas.