Síntomas de la enfermedad de Ménière: cómo identificar el vértigo y los zumbidos
En el marco del Día Mundial de esta patología, especialistas advierten sobre la importancia de un diagnóstico temprano. Se trata de un trastorno del oído interno que afecta el equilibrio y la audición, impactando profundamente en la calidad de vida de quienes la padecen. Estrategias para identificar los síntomas y los avances en el tratamiento.
Síntomas de la enfermedad de Ménière: cómo identificar el vértigo y los zumbidos
Este 7 de febrero, la comunidad médica internacional pone el foco en la enfermedad de Ménière, una afección crónica del oído interno que, aunque suele ser subestimada, puede resultar altamente discapacitante. Caracterizada por episodios espontáneos de vértigo rotatorio, pérdida de audición y zumbidos, esta patología afecta principalmente a adultos de entre 40 y 60 años.
En una jornada dedicada a la concientización, los expertos locales subrayan que la detección precoz y un abordaje multidisciplinario son las llaves para que el paciente recupere su autonomía y bienestar emocional.
La enfermedad debe su nombre al médico francés Prosper Ménière, quien en 1861 fue el primero en proponer que el vértigo tenía su origen en el oído y no en el cerebro. A más de un siglo y medio de aquel hallazgo, la ciencia moderna continúa investigando las causas exactas, aunque se sabe que la acumulación de líquido (endolinfa) en las cavidades del oído interno juega un papel determinante en la alteración de las señales sensoriales que se envían al sistema nervioso central.
Según los especialistas, es fundamental no ignorar estos signos, ya que la pérdida auditiva, que inicialmente es fluctuante, puede volverse permanente si la enfermedad progresa sin el control médico adecuado.
Los signos de alerta: cómo reconocer un episodio
Identificar la enfermedad de Ménière no siempre es sencillo en sus etapas iniciales, ya que los síntomas suelen presentarse en forma de crisis intermitentes. El síntoma más disruptivo es el vértigo rotatorio, una sensación de que todo el entorno gira, que puede durar desde 20 minutos hasta varias horas y suele estar acompañado de náuseas y vómitos intensos.
Estos episodios aparecen sin previo aviso, lo que genera una constante sensación de inseguridad y ansiedad en el paciente ante la posibilidad de sufrir una caída en la vía pública o durante su jornada laboral.
Acompañando al vértigo, aparecen los acúfenos o tinnitus —percepción de un zumbido o soplido constante en el oído— y la hipoacusia progresiva. Un detalle diagnóstico clave es la sensación de plenitud ótica, descrita por los pacientes como una presión o "oído tapado" justo antes de que comience la crisis de vértigo.
Según los especialistas, es fundamental no ignorar estos signos, ya que la pérdida auditiva, que inicialmente es fluctuante, puede volverse permanente si la enfermedad progresa sin el control médico adecuado.
Aunque hasta la fecha no existe una cura definitiva para la enfermedad de Ménière, el panorama terapéutico ha evolucionado significativamente para permitir una vida prácticamente normal. El tratamiento se divide en dos frentes: el control de las crisis agudas y la prevención a largo plazo.
Durante los ataques, se utilizan medicamentos antivertiginosos y antieméticos para mitigar los síntomas. Sin embargo, el verdadero desafío reside en la prevención, donde los cambios en el estilo de vida —especialmente la reducción drástica del consumo de sodio y cafeína— son el primer escalón para controlar la presión de los fluidos del oído.
En casos más complejos, donde la dieta y los diuréticos no logran frenar las crisis, la medicina actual ofrece alternativas como las inyecciones intratimpánicas de corticoides o gentamicina, y en instancias extremas, procedimientos quirúrgicos como la descompresión del saco endolinfático.
Asimismo, la rehabilitación vestibular se ha consolidado como una herramienta esencial para reentrenar al cerebro en el manejo del equilibrio, ayudando a los pacientes a superar la inestabilidad residual que queda entre crisis y crisis, devolviéndoles la confianza para retomar sus actividades cotidianas.
El tratamiento se divide en dos frentes: el control de las crisis agudas y la prevención a largo plazo.
El impacto emocional: una mirada integral
Convivir con una patología que se caracteriza por la imprevisibilidad requiere un soporte que trasciende lo físico. La enfermedad de Ménière conlleva una carga psicológica importante; el miedo a sufrir un ataque en público puede derivar en aislamiento social y depresión.
Por ello, el abordaje actual en los centros de salud de Santa Fe y la región promueve el acompañamiento terapéutico y el contacto con grupos de pacientes, permitiendo que quienes la sufren comprendan que, con el tratamiento adecuado y el apoyo del entorno, la incertidumbre puede ser gestionada.