El quiebre profesional entre Martina "Tini" Stoessel y su padre, el productor Alejandro Stoessel, escaló a un terreno estrictamente legal e institucional. Tras quince años de trabajo conjunto y una facturación estimada en cerca de 70 millones de dólares desde sus inicios artísticos, una auditoría privada encarada por un estudio jurídico-contable reveló profundas irregularidades en el esquema económico de la cantante.




































