Más de tres décadas han pasado desde aquel fatídico abril de 1994, pero la sombra de Kurt Cobain se niega a descansar en paz.
Un nuevo estudio multidisciplinario cuestiona la tesis del suicidio de 1994. Expertos señalan inconsistencias en la escena del crimen, la dosis de heroína y la autenticidad de la carta de despedida.

Más de tres décadas han pasado desde aquel fatídico abril de 1994, pero la sombra de Kurt Cobain se niega a descansar en paz.
El equipo de especialistas, liderado por los investigadores Brian Burnett y Michelle Wilkins, presentó un análisis detallado que pone en duda los pilares de la investigación oficial.
Según el documento, la escena encontrada en la casa de Lake Washington no coincide con la mecánica de una muerte autoinfligida, sugiriendo que el cuerpo del músico fue movido y la escena manipulada para simular un suicidio.
Uno de los puntos más controvertidos del informe radica en los resultados toxicológicos. Según Wilkins, Cobain tenía en su organismo una dosis de heroína diez veces superior a la que un usuario experimentado podría soportar antes de quedar completamente incapacitado.
"Es físicamente imposible que una persona con ese nivel de intoxicación pueda manipular un arma, dispararse y luego ordenar el kit de drogas de la manera en que fue hallado", sostiene el estudio.
Además, los peritos señalan hallazgos médicos como la presencia de líquido en los pulmones y hemorragias oculares, síntomas que se asocian más a una sobredosis por hipoxia que al impacto inmediato de un proyectil.
La "escena impecable" que describieron los agentes de la época —donde el arma y los casquillos estaban colocados de forma casi geométrica— es, para los nuevos expertos, la prueba principal de una puesta en escena externa.
El informe también arroja luz sobre la famosa nota hallada junto al cuerpo. Tras un análisis caligráfico exhaustivo, los expertos sugieren que las últimas cuatro líneas del mensaje —las únicas que aluden directamente al suicidio— presentan una caligrafía y presión de trazo notablemente distintas al resto del texto.
Para los investigadores, la carta original era en realidad un anuncio de retiro de la industria musical y de la banda, y no una despedida final a la vida. Las líneas finales habrían sido añadidas por un tercero para cerrar el círculo del relato oficial.
"El grueso de la nota es una crítica al negocio de la música, no el grito de socorro de alguien que está a punto de apretar el gatillo", indica el reporte.
La reapertura simbólica de este debate no solo sacude a los fanáticos de Nirvana, sino que reaviva la discusión sobre el tratamiento de la salud mental y la presión de la fama en los años 90.
Mientras la oficina del médico forense del condado de King mantiene que no hay "pruebas físicas nuevas" suficientes para reabrir el caso penal, la presión social y mediática escala. La figura de Kurt Cobain, el mártir del grunge, vuelve a estar en el centro de una disputa que ya no solo es musical, sino judicial.




